RELATO DE NUESTRO VIAJE POR TUNEZ.
- Fede y Mariana

- 3 mar
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 8 mar
TUNEZ

Para comenzar con nuestro viaje a Túnez, debo confesar que todo comenzó con una pasión infantil. Federico, desde que leyó el libro "Cartago en Llamas", quedó cautivado por la historia de Cartago.

Originalmente, ese año apuntábamos al frío del norte de Europa. Pero de alguna forma mágica, o mejor dicho, persistente, me convenció de dar un giro de 180 grados para cambiarlo por Sicilia y, sí, Túnez.
Aunque Marruecos es la estrella turística al norte de África, Fede tenía una misión clara: rastrear los restos del Cartago fenicio. La verdad es que, aunque queda poco (muy poco) de esa antigua civilización, vale la pena el viaje a Túnez ya que hay mucho para disfrutar. Finalmente y gracias a Fede, terminamos descubriendo un país absolutamente fascinante. Nos sumergimos en una cultura diferente, caminamos entre las ruinas romanas más increíbles, nos perdimos en el desierto, encontramos oasis inesperados y conocimos de cerca la ancestral cultura bereber.
No fue fácil, para nada. Nos pasó de todo: desde una violenta tormenta de arena hasta un verdadero diluvio en pleno corazón del Sahara, sin olvidar una llegada al puerto de Túnez que fue, por decirlo suavemente, complicada.

Volvamos al inicio: el desembarco en este país. Si bien la gran mayoría de los turistas llegan por vía aérea, nosotros no. Decidimos viajar en ferri desde Palermo. Pero, retrocedamos un poco más. Para abordar el ferri en Palermo, nos dirigimos al puerto, donde las instalaciones para los barcos con destino a Túnez eran bastante precarias (sin relación alguna con el resto del complejo). Tras completar la documentación, nos hicieron esperar en una especie de “jaula” hasta la salida del buque. La gran mayoría de los pasajeros eran tunecinos; éramos casi los únicos turistas a bordo. A excepción de los grupos de hombres europeos con sus motos en busca de travesías en el desierto. El ferri, en sí mismo, era precioso, con varios pisos y muchos lugares para comer. Como el viaje era largo, contratamos un camarote, que resultó ser super cómodo.

Llegamos a Túnez de noche. Si el puerto de Sicilia nos había parecido precario, el de la capital tunecina era infinitamente peor. Después de pasar por Migraciones, donde nos retuvieron un larguísimo rato preguntándonos el itinerario, la dirección del hospedaje y qué planeábamos visitar (entiendo que ver dos argentinos entrando por el puerto no es lo habitual), finalmente salimos... directo a nuestro primer contratiempo: el transfer contratado no estaba.
Era de noche, la señal de internet era pésima y la comunicación, imposible. Lo peor: nuestro primer hospedaje estaba en Hammamet, a unos 80 km de distancia. En el puerto no había ningún stand oficial para contratar un traslado y, con el avance de la hora, los empleados se iban marchando mientras la terminal comenzaba a cerrar.
Nuestra única opción era negociar un taxi en la calle. Apenas nos asomamos, decenas de hombres se abalanzaron sobre nosotros, hablándonos en árabe e intentando vendernos el viaje (ninguno hablaba inglés ni español). En medio de la oscuridad inquietante y sin entender una palabra, empezamos a cuestionarnos seriamente la decisión de este destino.
Finalmente, entre el bullicio, apareció un hombre que balbuceaba algo de español. Viendo que era nuestra última esperanza, empezamos la tensa negociación. Este hombre llamó a personal de Migraciones, quienes con un inglés muy básico solo nos decían "Good man". A esa altura, era tomarlo o quedarnos a dormir allí.

Como precaución extrema, sacamos fotos al auto (un modelo muy viejo y destartalado) y a la documentación del chofer, enviándolas a nuestros contactos. Con una fe ciega, nos decidimos a partir.
El viaje incluyó varias autopistas y hasta una detención policial (de la que, por supuesto, no entendimos nada, pero nos dejaron seguir). Tardamos más de una hora que, para mí, fue eterna, hasta que llegamos a la ciudad de Hammamet. Pero la aventura no terminaba ahí: ¡resulta que había dos hoteles con el mismo nombre y muy distantes entre sí! Para verificar el destino correcto, el chofer tuvo que parar en una avenida concurrida para consultar con otros taxistas. De repente, nos encontramos otra vez rodeados de una muchedumbre, sin entender una sola palabra y sin saber dónde nos encontrábamos. Debo aclarar aquí que Túnez es un país superseguro, pero como recién llegábamos y estábamos en medio de la oscuridad y el caos, la sensación fue de mucha incertidumbre.

Finalmente, con las indicaciones conseguidas, arribamos al hotel sin más drama. Un dato curioso: apenas le pagamos con euros, el chófer corrió a cambiar el dinero en el hotel. Nos explicó que, por ley, no podía tener divisa extranjera consigo. Al entrar al Hotel, el contraste fue abrumador: el lugar era de un lujo que uno describiría como "asiático". Después de todo el caos, la precariedad y la incertidumbre, el recibimiento fue enorme. Como se imaginarán, esa noche dormimos profundamente.
Al día siguiente, nos esperaba nuestra excursión al sur del país. Habíamos contratado un tour para explorar el Sahara y varios puntos clave, pero al levantarnos descubrimos algo aún mejor: la haríamos completamente solos, en un coche privado y con un guía para nosotros.
Fue una experiencia maravillosa. Nuestro acompañante resultó ser estupendo, sumamente culto y con un español casi académico. Gracias a él, nuestra aventura fue absolutamente enriquecida: compartimos muchas comidas y profundas conversaciones. Aprendimos muchísimo no solo sobre los increíbles lugares que recorrimos, sino también sobre la historia, la cultura y las costumbres, además de la economía, la política y los aspectos sociales de este desconocido país. Lo más enriquecedor fue el intercambio que pudimos hacer, comparando nuestros países en diversos temas. Dato curioso: ¡Conocía bastante de Argentina, incluso nos mencionó a Mercedes Sosa! Charlamos sobre la situación de las mujeres, las economías de países emergentes, el sistema de salud, la música y el deporte, entre muchos otros temas.

Sin embargo, aún nos quedaban algunas aventuras más que enfrentar. ¡El clima tenía sus propios planes! Nos tocó vivir una tormenta de arena brutal justo cuando llegábamos a Douz y, al día siguiente, un auténtico diluvio en pleno corazón del Sahara! Sobrevivimos a todo, ¡aunque no sin una buena dosis de nervios e incertidumbre!
A pesar de los contratiempos, pudimos disfrutar plenamente de este país fascinante. Cada destino fue una postal inesperada: En Hammamet, conocimos su hermosa medina y disfrutamos de sus playas, el primer respiro después de la llegada; En El Jem, fuimos testigos del Anfiteatro Romano más impresionante que hemos visto y visitamos su notable museo de mosaicos romanos; En Matmata, exploramos sus famosas casas trogloditas subterráneas y en Douz nos adentramos en la "Puerta del Sahara".
En la ruta hacia Douz, nos topamos con una tormenta de arena. La visibilidad se desplomó de golpe, como si hubiéramos entrado en una nube de niebla espesa, pero mucho peor. Tuvimos que bajar la velocidad a paso de tortuga, usando las luces de emergencia no para ver, sino para ser vistos en esa bruma arenosa. Lo más aterrador no era solo el muro de arena a nuestro alrededor, sino lo que sucedía bajo las ruedas. El viento arrastraba y depositaba la arena fina sobre el asfalto. Pronto, el camino ya no era liso. La arena comenzó a acumularse en pequeñas dunas y cada pocos metros, sentíamos cómo el coche subía y bajaba. Nuestro guía intentaba minimizar la aventura y calmarnos, sin embargo, cuando llegamos sanos y salvos al hotel nos reconoció que había sido una tormenta muy fuerte y que él también se intranquilizo.
Si todo esto era mucho, al día siguiente vivimos un diluvio en medio del desierto. Los pasillos del hotel, que el día anterior parecían médanos de la arena que se había acumulado, al dia siguiente parecían piscinas: cubiertos de agua.
Continuamos el viaje dirigiéndonos a Tozeur atravesando el increíble lago salado de Chott el Jerid, famoso por sus espejismos. Llegados a Touzer disfrutamos de su medina. Al día siguiente, hicimos una excursión al espectacular oasis de montaña de Chebika y, en medio del desierto ¡pudimos ver el set de filmación de Star Wars!. Antes de volver a la capital, recorrimos la ciudad santa del islam Kairouan: y su majestuosa Gran Mezquita.
De vuelta en a la ciudad de Túnez, pudimos explorar su espectacular medina, disfrutando de los zocos y sus espectaculares edificios. Finalmente fuimos a recorrer el SITIO ARQUEOLÓGICO DE CARTAGO, cumpliendo así el objetivo del viaje: Ver los Tesoros de la Cartago Fenicia: Incluyendo los conmovedores restos del Puerto Púnico y El Santuario del Tofet. Tambien pudimos apreciar la Grandeza de la Cartago Romana incluyendo las Termas de Antonio, las Cisternas de Malga y la vista a la Colina de Byrsa y sus Museos.
Y si de comida debemos hablar, no nos cansamos de probar el exquisito cuzcúz tunecino (cous cous). También hay que mencionar los dátiles gigantes, que servían a cualquier hora del día. Y por supuesto, no podemos olvidarnos del exquisito dulce típico: el Makroud. Para beber, nada mejor que un té con almendras y menta.
El broche de oro perfecto para terminar nuestro viaje por Túnez fue conocer Sidi Bou Said, el icónico pueblo blanco y azul que se alza sobre el Mediterráneo, regalándonos una de las vistas más bellas del viaje.
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